Mi oración contra el egoísmo: Enséñame el amor
Cuenta una leyenda que un diario británico se comunicó con el gran escritor G. K. Chesterton pidiéndole que escribiera un artículo sobre cuál era el gran problema del mundo. Se dice que su respuesta fue una sola frase: “El problema del mundo soy yo”. La verdad es que la frase estaba incluída en una respuesta mucho más extensa, pero me encanta pensar en que, de todo un texto, esa frase se haya convertido en una leyenda y es porque condensa una verdad: Todo el que intenta explorar de alguna manera el corazón de Dios, todo el que ha intentado en serio seguir a Jesús, se encuentra en algún momento con esta certeza que, a veces, incluso resulta dolorosa: Dios sabe amar. Yo no. Ese es el sentido de esta canción que es mi oración contra el egoísmo, por eso el coro dice así:
Esta canción me ha dado muchas alegrías como ver a jóvenes cantándola repetitivamente en retiros o escuchar a amigos darme las gracias por haberla grabado, y es una de mis canciones más conocidas. Hace parte de lo que los críticos han llamado La trilogía del amor: Enséñame el amor, este amor y eterno amor… Bueno, tal vez esos críticos no existen y la trilogía nunca fue pensada como trilogía, pero esas son las canciones mías que más le gustan a la gente y, aunque me ha dado esas alegrías, también me ha dado algunas decepciones. La primera: Un amigo me contó que otro amigo, estando borracho, se la dedicó a la novia. ¡Mi canción para Dios alguien se la dedicó borracho a una mujer, no! Claro, parece una baladita romántica ochenta noventera; pero de todas formas no tiene sentido para mí. Dejemos las cosas claras: Nadie diferente de Dios está en la capacidad de enseñarte el amor. Yo estoy muy de acuerdo con C. S. Lewis cuando dice en su libro Los cuatro amores, que nuestra forma de amar contiene algo de egoísmo. Entonces, sí, es verdad que Dios te ha enseñado el amor a través de tu madre, de tu padre, de tus amigos, de tu esposo, de tus abuelos… Sí, él te ha mostrado vislumbres a través de cada uno de estos seres, pero el amor genuino, real, único, verdadero, solo se puede aprender de Dios. Él es el único que puede amar sin esperar nada a cambio. Por eso el coro dice:
Sin esperar…
Y la otra decepción viene del hecho de que como compositor soy muy despalomado. Esta canción nace de ver a Jesús sentado a la mesa y yo quería decir eso: que había que sentarse a la mesa con Jesús, y terminó la canción y nunca mencioné una mesa. Recuerdo estar escuchando a un curita predicando sobre una mujer llamada María que se sentaba a los pies de Jesús y que su hermana Marta apareció en escena para exigirle que ocupara su lugar en la sociedad: “Dile que venga a ayudarme”. Ella no puede estar sentada ahí, es una mujer, no está para sentarse a los pies de un maestro y creer que algún día podrá ser como Él, eso está reservado para los hombres en nuestra sociedad y yo sí estoy haciendo mi papel pero está muy pesado, dile que me ayude, y la respuesta de Jesús me pareció una forma increíble de amar: “María ha escogido la mejor parte y no le será quitada”. La recibió como un discípulo más a pesar de las convenciones sociales, la defendió en público y eso me pareció muy dulce de parte de Jesús. Eres aceptada, eres amada, eres recibida en Jesús, Él te ama como eres y está dispuesto a transformarte hasta que seas como Él. Por eso la canción dice así:
Vengo a buscar la miel que fluye desde tu corazón, vengo a sentarme aquí para escucharte hablar y disfrutar Tu voz, Tus palabras.
¿Pero se dan cuenta? No mencioné la mesa. Están compartiendo comida, Marta está sirviendo y yo no mencioné la mesa. Esa predicación se me unió con una conversación que tuvimos con el padre Diego Jaramillo, Dios mío, en tus manos colocamos este día que ya pasó… en la que me enteré, por primera vez en mi historia, de que Juan, quien se presenta a sí mismo como El discípulo que Jesús amaba, en la última cena está recostado sobre el pecho de Jesús, como lo traduce La Biblia de Las Américas.Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa reclinado en el pecho de Jesús. (Jn. 13:23)
Diez versículos después Jesús les va a dar su mandamiento nuevo: Amense los unos a los otros como yo los he amado. Y no sé cómo, algún día, me puse en el lugar de Juan (que fue el único que contó sobre este nuevo mandamiento en su evangelio) y dije: Claro, el aprendió esa lección recostado en el pecho de Jesús. Él conoció el amor de Dios entre sus brazos, más allá de Sus Palabras, recostado sobre el pecho de Jesús. Esto no es ficción, esto es realidad, Tú puedes conocer el Amor de Dios de esa manera. Yo lo creí y por eso la canción sigue:
Vengo a sentarme aquí, hoy para descansar y recostarme sobre Tu pecho.
Jesús cambió la vida de mucha gente sentado a la mesa: Mientras unos se burlaban de una prostituta, Él la defendió; cuando los fariseos llegaron a preguntar qué hacía comiendo con cobradores de impuestos, Jesús dijo que venía como un médico a curarlos de su pecado; los discípulos que viajaban desesperanzados a Emaús encontraron esperanza al verlo resucitado y un tal Zaqueo experimentó el amor que confronta, de tal manera, que este hombre después de estar a la mesa con Jesús, promete devolver cuatro veces lo que le había quitado a otros.
¿Cómo orar contra el egoísmo? Esto es para mostrarte mi canción, utilízala, aquí te quedan los enlaces para que puedas escucharla y cantarla como oración tuya en la que le dices a Dios que te enseñe a amar y que te muestre Su amor, pero esto es más importante: Separa un momento de tu día para estar con Jesús. 15 minutos. Si quieres en la mesa con un café o si quieres en tu habitación o en la sala… Donde puedas estar a solas con Él. Le vas a contar tus cosas, como hace uno en la mesa cuando se encuentra con los que ama. Vas a llevar tu Biblia, vas a leer una porción, le vas a preguntar que te quiere decir y vas a escuchar lo que Él tiene para decirte. Te prometo que si haces eso, tarde o temprano, Dios va a empezar a curarte del egoísmo. Un abrazo.

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